Las que abrieron camino

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Sus sonrisas me reciben. Saben que vengo a interesarme por sus historias laborales, de las que están orgullosas. Ha sido una vida de pelea y trabajo constante y, contarlo, a pesar de los nervios iniciales, siempre es muy satisfactorio. Es algo así como un premio a la perseverancia de las que abrieron camino en un mundo al que aún hoy “le queda un puntito por superar”.

Ángeles Prada Núñez hace 38 años que es técnico administrativo, – en la actualidad también responsable de Recursos Humanos – en la empresa valdeorresa de pizarra Vazfer. Un tiempo que ella resume, curiosamente, con los tres hitos más importantes de su vida personal: “Estaba soltera cuando vine, y tengo ya dos hijas mayores”. Unos minutos de conversación más tarde, viene el gran valor que para ella siempre le ha dado su empresa: “nunca he tenido problemas para conciliar”.

Ángeles Prada ejerce como técnico administrativo en una empresa de pizarra en Carballeda de Valdeorras.

La continuidad de Ángeles al frente de su trabajo durante tantos años, y esa capacidad de análisis y empatía con la gente, hace más fácil para el profano en el sector, conocerlo desde dentro y ver su evolución, descrita desde una veteranía abrumadora que analiza cada paso dado en la incorporación de la mujer, a un mundo inicialmente reservado al e identificado con, el género masculino.

“De cuando yo empecé a hoy, es un abismo; la tecnología ha transformado el trabajo, y ha hecho que las diferencias entre hombre y mujer desaparezcan porque hoy por hoy una mujer puede desempeñar las mismas labores que un hombre”. De hecho, explica, “un ejemplo es nuestra encargada de nave, una persona perfectamente formada que es una profesional en la labor que desempeña en esta empresa”.

Ángeles Vázquez ha trabajado durante 38 años en el mundo de la pizarra.

Noelia Pérez Casas es encargada de nave en Vazfer y ella también ha abierto camino. Su mirada viva y su forma de moverse la delatan, estamos ante una persona hecha a sí misma, para la que la vida no ha sido fácil y que hoy está donde está porque como ella misma dice “me lo he ganado”. Porque organizar el trabajo en una nave requiere conocimiento y ganas “a partes iguales”, querer progresar “y aprender cómo funciona el puente grúa, la carretilla o aquella nueva máquina que no sé cómo funciona”.

Noelia Pérez es encargada en una nave de pizarra.

La primera empresa del sector para la que trabajó Noelia se interesó mucho en que continuase su formación. Su gesto se enternece al contar que cuando llegó a la pizarra “era muy joven, e insistieron mucho en que siguiera estudiando”. Aquello le permitió incluso trabajar durante años en otras ocupaciones, pero sin dejar nunca del todo su pasión por la pizarra, a la que volvió años después, “con más ganas”. Las cosas entonces, habían cambiado tanto, que “identificar los trabajos en nave y cantera, con la fuerza bruta solo ejercida por el género masculino, se convirtió en un tópico sin sentido, porque hoy el trabajo lo puede hacer igual un hombre que una mujer”.

A pesar de las dificultades iniciales propias de otros tiempos, ambas animan a las nuevas generaciones de mujeres a acercarse al sector de la pizarra, “donde la gente tiene un salario con buenas condiciones laborales, incluso mejor que en otros sectores donde se requiere mayor cualificación”.

Noelia subida a una carretilla en la nave de pizarra en la que ejerce como encargada.

Su determinación llevó en ocasiones a Noelia a exigir “que me colocaran donde me merecía” y más tarde “a que me reconociesen la categoría salarial que me correspondía” algo que, explica, a muchos de sus compañeros hombres nunca les tocó exigir. Su lucha, como la de otras que abrieron camino como ella, ha logrado que hoy “las cosas sean completamente diferentes” a pesar de que como dice Ángeles, “ese puntito que falta” aún no hayamos conseguido corregirlo como sociedad, y sea algo por lo que debamos seguir adelante “como siempre lo hemos hecho”.

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